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“Necesitamos una economía competitiva para la paz y el desarrollo social”: Ramsés Vargas Lamadrid, Rector de la Universidad Autónoma del Caribe

En la presentación oficial del Centro de Competitividad del Caribe, el Rector de la Universidad Autónoma, Ramsés Vargas Lamadrid, destacó que este proyecto que ya es una realidad, se debe concebir como un gran logro para que esta nueva universidad se consolide como uno de los principales centros de integración y cohesión social del Caribe colombiano.

A continuación presentamos el discurso leído por el Doctor Ramsés Vargas Lamadrid, en el evento especial que se realizó este miércoles 9 de abril en el nuevo edificio de posgrado de la Institución.

 “Próximo a cumplir mi primer año de gestión como nuevo Rector de la Universidad Autónoma del Caribe, me siento profundamente satisfecho porque estamos volviendo tangible el sueño de nuestra transformación institucional, lo cual es posible hoy gracias al fortalecimiento de un ambiente de diálogo y confianza con todos los estamentos de la Comunidad Universitaria, por los que siempre sentiré sincera consideración y respeto. 

Al mismo tiempo hemos ido construyendo el enfoque estratégico para esta nueva etapa de la Universidad Autónoma del Caribe y el rumbo hacia donde debemos dirigirnos.

Al conmemorar nuestros 46 años de actividades, estamos ciertos que nos consolidamos como uno los principales centro de integración y de cohesión social del Caribe colombiano, lo cual podemos comprobar observando los datos históricos de procedencia de nuestros alumnos y egresados, al tiempo que evidenciamos que hemos podido dar respuesta a las demandas de todos nuestros sectores socioeconómicos.

Una demanda por educación superior de calidad que rebasaba con creces la limitada oferta universitaria de entonces, sumada a una gestión rigurosa en lo académico y austera en lo económico, enmarcó lo que a la postre sería el crecimiento exponencial de la Autónoma como Universidad generadora de impactos económicos y sociales a través de sus egresados y demás servicios a lo largo y ancho del Caribe colombiano.

El Caribe de hoy es diferente al de hace cuatro décadas y media, cuando comenzó la Autónoma. No porque sea significativamente menos pobre o desigual, porque no lo es, sino por la variación de su perfil productivo. Pasó de verse a sí mismo como región esencialmente agropecuaria para convertirse hoy, por obra de las incontrolables fuerzas del mercado, en alacena de combustibles en algunas partes, y vanguardia en servicios en otras.

La industria, que decreció en gran parte del siglo XX, tiene ahora oportunidades de relocalización y ampliación en asocio con capitales extranjeros, a partir de la política de comercio exterior fundamentada en los tratados de libre comercio, lo cual nos permite percibir un vigoroso esfuerzo inversor que requiere una oferta de educación superior que le acompañe.

Estamos profundizando en los detalles respecto de la orientación que toman las nuevas inversiones directas nacionales e internacionales, soportados en el magnífico buen augurio que significa el que la Región se proyecte como la gran receptora de la movilización de cuantiosos capitales productivos. Si hay algo que no tiene vuelta de hoja en nuestro caso, eso es la internacionalización de la economía.

Pero la internacionalización es un gran desafío y tenemos que asumirlo con base en una intensa preparación y superación de debilidades, así como el fortalecimiento de nuestras ventajas comparativas y competitivas.

¿Pero qué representan y qué tan propicias son estas realidades para una institución como la nuestra?

El mundo se ha cansado de los extremos y los conflictos que se viven es consecuencia del ejercicio arbitrario del poder y del sometimiento al que se ven obligadas las clases populares. Derecha, Izquierda y Centro han privilegiado los extremos y la confrontación, pero a pesar de los ríos de sangre y dolor que ello ha costado lo positivo es que la tendencia comienza a revertirse.

El mundo empieza a sintonizarse con la necesidad del renacimiento de la clase media y lo vital que resulta para las democracias y las economías que esa franja de la población sea la principal fuente de la movilización política, social y del consumo en todos los órdenes.

La Autónoma tiene una tradición de integración de todas las clases sociales Sin embargo, en el imaginario es considerada el bastión de la clase media, un calificativo que por su hondo contenido social vale la pena analizar con seriedad para validarlo y potenciarlo en consideración al transcendental rol histórico que implica ser un legítimo vehículo de promoción del individuo del Caribe en sus esferas económicas, sociales y culturales. En el mismo sentido, numerosos estudios en el mundo demuestran con evidencia empírica cómo las sociedades más avanzadas, con más rápido crecimiento y mejores indicadores de convivencia ciudadana, son aquellas donde el número de ciudadanos pertenecientes a la franja de ingresos considerados de clase media es mayor. La Universidad Autónoma del Caribe lleva 46 años validando esta conclusión.

Desde el primer día, la Autónoma se concentró en aportar al cambio y en ese contexto innovó en la región hablando de urbanismo y planeación poniendo al servicio de la sociedad su Programa de Arquitectura; democratizó con hechos el acceso al mundo empresarial y financiero a través de sus programas de Administración de Empresas y Contaduría Pública; profesionalizó el oficio de informar y opinar a través de su facultad de Comunicación Social y Periodismo; soportó y lideró el boom de la industria turística en la región con su programa de Hotelería y Turismo; así como ha garantizado espacios de desarrollo profesional solvente y de calidad en el entorno productivo a través de sus aprestigiados y acreditados programas de Ingeniería. En el plano jurisprudencial también vamos logrando avances.

Hemos sabido leer los tiempos y requerimientos de la economía local y regional. Pero, si bien los impactos de la institución validan esta afirmación, su rol y la relevancia futuras estarán determinadas por su capacidad de generar discusiones, respuestas y acciones para una región Caribe plagada de islas productivas, carentes de articulación y modelos de integración políticos y económicos que permitan a unos departamentos vecinos ponerse de acuerdo sobre unos mínimos temas para, desde la diversidad, entender y anticipar unas fuerzas económicas globales que no dan espera.

La Universidad Autónoma del Caribe asume, entonces, el reto de convertirse en factor integrador para delinear y hacer efectivo un discurso y unas acciones para la competitividad económica regional, que si bien acompañará, como siempre ha sido, el abordaje de los problemas de la autonomía política, la erradicación de la pobreza y la adaptación ambiental, se focalizará especialmente en los imperativos de mercado presentes y futuros en el contexto de una vecindad departamental cercana en lo geográfico, pero distante en arreglos institucionales para la producción.

La Universidad Autónoma del Caribe se ve obligada a cumplir su rol misional articulando desde la academia factores y actores para que la región pase de una coexistencia empresarial espontánea a un escenario de complementariedad y sostenibilidad.

En este contexto, y ante los retos que plantea un país cada vez más urbano, la Universidad abocará el tema del Desarrollo Económico Local como una prioridad de sus programas y quehaceres, de manera que los distintos temas que involucran este concepto, tales como equidad, gobernabilidad, finanzas territoriales, urbanismo, sostenibilidad, prevención de desastres, género, empleo, sean tratados con la profundidad que se requiere para hacer que el hábitat en las ciudades de la región Caribe y de Colombia sea no solamente propicio para atraer inversión de calidad y generar emprendimientos sino más incluyentes en lo físico y lo institucional para garantizar la ciudad como un espacio propicio para la dignificación del ser humano.

Cuando el Estado Colombiano se la ha jugado en más de dos decenios por la opción de la internacionalización de la economía, la Universidad Autónoma del Caribe aboca entusiasta su papel, ya asumido, para garantizar el acceso y maximizar el impacto de los sectores medios de la población del Caribe en dicho proceso de internacionalización.

La producción científica y académica de la Universidad Autónoma del Caribe deberá ser de calidad y relevancia suficientes para rebasar las fronteras de la región y el país.

Ante estos hechos, la Autónoma alineará su producción e impactos a las demandas de internacionalización, de forma que construyendo sinergias y complementariedades con stakeholders dentro y fuera de Colombia, nuestros estudiantes e investigadores no sean espectadores sino protagonistas en los ciclos de inversión e integración venideros en el mundo.

En este contexto estratégico, y apoyada en procesos internos de gobierno y gestión, cuyos pilares serán la gerencia por resultados, la transparencia y la institucionalidad, la Universidad Autónoma del Caribe asume la responsabilidad de honrar su pasado, y trascendiéndolo como corresponde a su tradicional dinamismo, responderá de manera competente, fresca y remozada, a los nuevos retos del entorno nacional e internacional para los próximos 46 años.

Hemos comenzado a escribir los nuevos capítulos de nuestra historia, con la vinculación de ilustres profesionales de la Región que dignifican el quehacer académico y complementan el propósito de un nivel directivo que hace de la decencia y el respeto a la Constitución y leyes colombiana, su principal faro. Todos nuestros estamentos se han constituido en piezas clave de un tanque de pensamiento que produce las 24 horas al día para beneficio del estudiantado y la región.

En una agitación de ideas surgen el Centro de Educación Continuada, el Observatorio Urbano, el Centro de Innovación Social y el Centro de Competitividad Caribe, que orgullosamente presentamos hoy a la ciudad, a la región y el país, como parte fundamental de un portafolio de iniciativas que estamos seguros dinamizarán el debate actual.

La Costa Caribe es una gigantesca despensa de oportunidades y potencialidades. Pienso, no obstante, que nos falta articular políticas, herramientas y fuentes de financiamiento para el aprovechamiento de esas oportunidades y el desarrollo pleno del potencial.

Estamos intentando hacerlo desde el día en que conocimos durante el Gobierno del Presidente Belisario Betancur, el primer plan de desarrollo regional denominado “Un Viaje hacia el Futuro”.

En adelante, multiplicamos la mecánica de los foros y multitud de compromisos sin llegar a nada concreto, dejándole todo a la inercia presupuestal y al esfuerzo de la iniciativa privada. En el plano de las decisiones políticas, sólo la Constitución de la 1991 nos dio pie para pensar en el desarrollo legal de la Región como entidad territorial y en ese proceso estamos.

La política de seguridad democrática y el plan de desarrollo nacional denominado “Prosperidad para todos”, han sido esenciales para definirle a la Nación y a la Región un nuevo rol económico animado por la asociación y el libre comercio con los más destacados mercados mundiales.

El buffet está servido pero habrá que escoger los mejores sabores para complacer los paladares del progreso económico y social. Tenemos los Tratados de Libre Comercio, la Alianza para el Pacífico, el Plan Diamante, el programa de Ciudades Sostenibles, el Compromiso Caribe, el Pacto por la Productividad y la Competitividad Regional, la posibilidad de suscribir un Contrato Plan con la Nación a partir de un modelo inglés que desde el poder central orienta el desarrollo del territorio y el montaje de un sistema intermodal de transporte que implica carreteras, aeropuertos, trenes, y modos fluviales y marítimos para que Colombia crezca a un ritmo superior al que lo hacen otros países de América Latina, al tiempo que el formato regional se transforma para bien.

Es oportuna la coyuntura actual respecto de lo que nos proponemos, porque ante un nuevo cuatrienio presidencial se requiere la aprobación del Plan Nacional de Desarrollo respectivo, en cuya elaboración será menester participar activamente. Como Universidad nos ofrecemos para ser escenario de los debates, la concertación regional y la preparación de propuestas con destino a nuestros congresistas que serán responsables de la aprobación final del Plan de Desarrollo en Senado y Cámara de Representantes.

Creemos que ya es momento de dejar sueltas las piezas del progreso, por lo cual es urgente articular y entrelazar cada una de ellas para evitar la dispersión de esfuerzos y que algunas iniciativas no surjan por capricho de líderes sectoriales, sino que representen el verdadero sentir de la Región.-

La academia no puede permanecer indiferente ante esa realidad y tal convicción nos lleva en la Autónoma a ser creativos y a convertirnos en interlocutores válidos a la hora de debatir lo que más nos conviene como Región, como Departamento y como ciudad, amén de lo que pensamos para Colombia.

Ese es uno de los objetivos con la presentación del Centro de Competitividad Caribe y su Consejo Empresarial rector integrado por distinguidas personalidades de nuestros sectores productivos.

Tenemos unos objetivos concretos, pero no podemos ignorar el entorno y lo que representa la negociación para un acuerdo de paz con la guerrilla colombiana.

Más de cincuenta años de enfrentamientos con más de 60 mil víctimas a lo largo y ancho de un corredor de odio y muerte, están a punto de cerrar sus puertas para siempre, lo que nos impulsa a ser recursivos en el terreno del posconflicto y los compromisos de una economía para venderle al mundo, satisfacer las demandas locales y ayudar a la competitividad y a la productividad sin dejar de generar rentabilidad social. Aquí estará, sin lugar a dudas, otra de las fuentes para la pacificación del país.

En ese orden, la Universidad Autónoma del Caribe se declara abierta al debate y a la propuesta, en la seguridad de encontrar el mejor ambiente en el país y la Región para contribuir al engrandecimiento de una patria que parodiando el Himno de Barranquilla sobre el yunque sabe martillar y madurar al sol.

Muchas gracias

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